¡Hola!
Hola, ¿estoy apareciendo repentinamente en algún lector de feeds? Si pensáis que os he abandonado, no os equivocáis. Ya sé que hace un mes y medio que no escribo, y creedme que me parte el alma ignoraros de esta forma, así que mientras procuro encontrar algo de tiempo para contaros nuevas historias podéis leerme todos los meses en El Buscalibros. Aquí os dejo mi última publicación y aquí mi página de autor. Vuestros comentarios, tanto allí como aquí, serán bien recibidos.
El sueño
Anoche soñé contigo. Soñé que íbamos a ver Hitchcock. Corríamos porque llevábamos el tiempo justo. A mitad de camino te paraste, y me dijiste que era inútil, que ya no llegábamos. Te agarré del brazo y seguimos corriendo. Entramos exhaustos en el cine. Mientras sacábamos las entradas parecías inquieto, así que te besé para calmarte. Entonces, un tipo se acercó a ti y te dijo que tu mujer te estaba esperando en casa, que vuestro vuelo a Argentina salía dentro de una hora. Te quedaste atónito, y yo aún más, no me habías contado que estabas casado. Le dijiste que se equivocaba, que no tenías la más remota idea de lo que decía. Él te dijo que no había tiempo para andarse con jueguecitos, que perdíais el avión y que no te dejaría hasta asegurarse de que volvías con tu mujer. Entonces, siguiéndole el juego, le dijiste que sí, que se quedase tranquilo, que ya mismo ibas para allá. Te estrechó la mano, se marchó y nosotros nos metimos en la sala.
Después me llevaste a tu apartamento y nos pasamos la noche entera follando. Por la mañana llamaron a la puerta, te pusiste los calzoncillos y saliste a abrir. Te encontraste el rellano vacío, así que cerraste la puerta y volviste a la cama. Yo, mientras tanto, te esperaba desnuda hurgando entre tus libros. Te acercaste y me lancé a besarte. Volvieron a llamar al timbre, al principio te resistías, pero finalmente saliste a abrir. Te encontraste con una loca encañonándote la cabeza con una pistola. Te quedaste petrificado, entró y cerró la puerta. Te dijo que eras un cabrón y se puso a gritar como una posesa: "Hijo de puta, otra vez me has engañado, no puedo más, esta vez te mato". Se giró, me apuntó con la pistola y empezó a perseguirme por el salón. Tú aprovechaste y la aferraste por la espalda, aprisionándola, y, tras un leve forcejeo, conseguiste asir el arma. Entonces me desperté.
-Nena, creo que deberías consultar con un psicólogo, estás fatal.
Después me llevaste a tu apartamento y nos pasamos la noche entera follando. Por la mañana llamaron a la puerta, te pusiste los calzoncillos y saliste a abrir. Te encontraste el rellano vacío, así que cerraste la puerta y volviste a la cama. Yo, mientras tanto, te esperaba desnuda hurgando entre tus libros. Te acercaste y me lancé a besarte. Volvieron a llamar al timbre, al principio te resistías, pero finalmente saliste a abrir. Te encontraste con una loca encañonándote la cabeza con una pistola. Te quedaste petrificado, entró y cerró la puerta. Te dijo que eras un cabrón y se puso a gritar como una posesa: "Hijo de puta, otra vez me has engañado, no puedo más, esta vez te mato". Se giró, me apuntó con la pistola y empezó a perseguirme por el salón. Tú aprovechaste y la aferraste por la espalda, aprisionándola, y, tras un leve forcejeo, conseguiste asir el arma. Entonces me desperté.
-Nena, creo que deberías consultar con un psicólogo, estás fatal.
| Foto: Rabineb |
El Buscalibros
Podría decir que durante el último mes y medio he estado ausente de esta página porque fui raptado por una familia japonesa que me ha estado usando como pinche de cocina. Podría decir que no he escrito durante todo este tiempo porque, en mis escasos ratos libres, la hija del cocinero jefe me convirtió en su particular juguetito sexual. Podría decir que durante la elaborada y escabrosa huida que emprendí fui atropellado, quedando maltrecho en un cama durante algunas semanas. Podría decir todo eso, pero, evidentemente, os estaría mintiendo.
Hacía tiempo que venía pensando en abrir una nueva página en la que escribir sobre libros. Así que un día me puse manos a la obra y líe a unos cuantos más para que se unieran al proyecto conmigo. Desde hoy, además de poder leerme aquí, también podrás hacerlo allí. A mí y a otros estupendos siete blogueros que se encargarán de mantener la página actualizada varias veces por semana. Dicho esto, espero que recibáis con el mayor regocijo posible a El Buscalibros (ese es su nombre), visitándolo con asiduidad. Aquí podéis leer la primera entrada que he publicado.
En cuanto a la frecuencia de actualización de mi blog (que para nada es lenta, sino más bien sosegada), seguirá como hasta ahora.
Hacía tiempo que venía pensando en abrir una nueva página en la que escribir sobre libros. Así que un día me puse manos a la obra y líe a unos cuantos más para que se unieran al proyecto conmigo. Desde hoy, además de poder leerme aquí, también podrás hacerlo allí. A mí y a otros estupendos siete blogueros que se encargarán de mantener la página actualizada varias veces por semana. Dicho esto, espero que recibáis con el mayor regocijo posible a El Buscalibros (ese es su nombre), visitándolo con asiduidad. Aquí podéis leer la primera entrada que he publicado.
En cuanto a la frecuencia de actualización de mi blog (que para nada es lenta, sino más bien sosegada), seguirá como hasta ahora.
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| Foto: Oitana |
Imagina
Imagina que una mañana te lanzas a la calle y te encuentras con la novia de tu amigo. Imagina que la novia de tu amigo te propone ir a tomar algo. Imagina que le dices que sí. Imagina que os sentáis en la terraza de un bar próximo al lugar en el que os habéis encontrado. Imagina que entonces te confiesa que lee tu blog y que le encanta cómo escribes. Imagina que tú, ruborizado y confundido, le das las gracias. Imagina que continúa la conversación contándote que las cosas entre tu amigo y ella no van demasiado bien. Imagina que, por alguna razón que en ese momento desconoces, cree conveniente contarte que últimamente no hacen el amor. Imagina que tú te quedas en silencio, escuchando, sin saber muy bien qué decir. Imagina que además no te interesa nada de lo que te cuenta, que te la sopla si tú amigo se la folla o no. Imagina que ella empieza a notar lo incómodo que estás. Imagina que te pregunta qué piensas al respecto. Imagina que le preguntas si han hablado del tema. Imagina que te responde que no, que sería inútil, que con él no se puede hablar. Imagina que le dices que tú en nada la puedes ayudar. Imagina que se queda mirándote y te dice que bueno, que en algo sí que la puedes ayudar. Imagina que te dice que le gustas. Imagina que no dices nada, pero que tu cara de circunstancias lo dice todo. Imagina que paga la cuenta y te pide que la acompañes. Imagina que, dudoso, la sigues hasta el portal de su casa. Imagina que ella te invita a subir. Imagina que le dices que no. Imagina que te besa. Imagina que estás tan aturdido, que ya ni sabes quién eres. Imagina que te roza la entrepierna. Imagina que subís las escaleras. Imagina que abre la puerta y te conduce hasta la cama. Imagina que te quita la camisa y te desabrocha el pantalón. Imagina lo que sigue.
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| Foto: Ilasfoto |
Destino
La chica C conoce al chico F. Se caen bien, se gustan y se acaban enamorando. Deciden irse a vivir juntos, lo intentan, pero la cosa no sale bien. El chico F deja a la chica C. La chica C no entiende por qué el chico F la ha dejado, le grita y le reprocha mientras él se marcha de casa. El chico F conoce a otras chicas, la chica C conoce a otros chicos. Consiguen olvidarse el uno del otro.
Un día el chico F sale más temprano de casa de lo que habitualmente lo hace. La madrugada del mismo día la chica C es incapaz de conciliar el sueño, da vueltas en la cama, se levanta, enciende la tele, se mete en la ducha y finalmente sale a dar un paseo. El chico F opta por entrar en una cafetería en la que nunca antes había estado; se toma un café embebido en sus pensamientos. La chica C camina por la calle, se detiene frente a un escaparate, y entra en una tienda; después lo hace en otra más. El chico F paga el café y se dirige hacia la parada del autobús. Aunque ellos lo ignoran, en ese momento, el chico F y la chica C están a pocos metros el uno del otro. La chica C sale de la tienda cargando una bolsa, mira el reloj y decide regresar a casa en autobús. Dos minutos después el chico F y la chica C cruzan sus miradas, se reconocen, sonríen y se saludan. La chica C y el chico F suben juntos al autobús.
Si el chico F no hubiese tenido el coche averiado, habría salido más tarde de casa y no habría cogido el autobús aquel día. Si la chica C no se hubiese detenido en aquellas tiendas o si su compra se hubiese alargado algo más, seguramente, no habría regresado a casa en aquel autobús. El destino ha situado al chico F y a la chica C en el mismo lugar y a la misma hora.
La chica C y el chico F quedan para cenar, pero la cena se acaba alargando tanto que deciden continuarla en la cama. Tras una hora de sexo el chico F empieza a recordar por qué se alejó de ella y a la chica C empieza a pesarle un sentimiento que creía haber enterrado hacía mucho tiempo.
Un día el chico F sale más temprano de casa de lo que habitualmente lo hace. La madrugada del mismo día la chica C es incapaz de conciliar el sueño, da vueltas en la cama, se levanta, enciende la tele, se mete en la ducha y finalmente sale a dar un paseo. El chico F opta por entrar en una cafetería en la que nunca antes había estado; se toma un café embebido en sus pensamientos. La chica C camina por la calle, se detiene frente a un escaparate, y entra en una tienda; después lo hace en otra más. El chico F paga el café y se dirige hacia la parada del autobús. Aunque ellos lo ignoran, en ese momento, el chico F y la chica C están a pocos metros el uno del otro. La chica C sale de la tienda cargando una bolsa, mira el reloj y decide regresar a casa en autobús. Dos minutos después el chico F y la chica C cruzan sus miradas, se reconocen, sonríen y se saludan. La chica C y el chico F suben juntos al autobús.
Si el chico F no hubiese tenido el coche averiado, habría salido más tarde de casa y no habría cogido el autobús aquel día. Si la chica C no se hubiese detenido en aquellas tiendas o si su compra se hubiese alargado algo más, seguramente, no habría regresado a casa en aquel autobús. El destino ha situado al chico F y a la chica C en el mismo lugar y a la misma hora.
La chica C y el chico F quedan para cenar, pero la cena se acaba alargando tanto que deciden continuarla en la cama. Tras una hora de sexo el chico F empieza a recordar por qué se alejó de ella y a la chica C empieza a pesarle un sentimiento que creía haber enterrado hacía mucho tiempo.
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| Foto: Tetembua Dandara |
Toledo
Llevo todo el verano trabajando en la edición digital de un periódico deportivo. Me he quedado sin vacaciones, pero no me importa.
Cualquiera que me conozca un poco sabrá la aversión que siento por los periodistas deportivos, pero cuando la necesidad empieza a apretar no queda otra que dejar manías y hostilidades de lado. El trabajo al menos me sirve, además de para sobrevivir, para mantener la cabeza ocupada.
Durante estos meses he conocido a gente peculiar, gente con la que antes seguramente no habría cruzado ni media palabra. Una de ellas es Marta. Marta es una periodista de veinticinco años nacida en Palencia. Es morena, menuda y muy guapa. Tan sólo lleva un año viviendo aquí, pero ya conoce a más gente en Madrid de la que yo conoceré jamás. El otro día llegó a la redacción con dos billetes de tren y me propuso irme a pasar con ella el fin de semana a Toledo. Quizás si hubiese tenido un plan distinto que quedarme en casa viendo películas de Woody Allen y comiendo pizza hubiese declinado la petición, pero su plan sonaba mucho más apetecible que cualquier pizza barbacoa. Acepto y salimos disparados hacia la estación.
Llegamos y alquilamos una habitación en un pequeño hotel. Me cuenta que Toledo es la ciudad perfecta para relajarse y disfrutar, para comer y beber, para perderse por sus monumentos, tiendas y bares. Yo tan sólo espero que si hemos recorrido setenta kilómetros no haya sido para perdernos por la ciudad, que me interesa bien poco, sino para no salir de la cama durante los dos días que pasemos juntos. Le pregunto qué le apetece hacer. Me responde que estaría bien salir a tomar algo. Asiento con la cabeza mientras me dirijo hacia la puerta. Ella me agarra de la camisa y me desabrocha el pantalón. Antes un aperitivo, dice.
Cualquiera que me conozca un poco sabrá la aversión que siento por los periodistas deportivos, pero cuando la necesidad empieza a apretar no queda otra que dejar manías y hostilidades de lado. El trabajo al menos me sirve, además de para sobrevivir, para mantener la cabeza ocupada.
Durante estos meses he conocido a gente peculiar, gente con la que antes seguramente no habría cruzado ni media palabra. Una de ellas es Marta. Marta es una periodista de veinticinco años nacida en Palencia. Es morena, menuda y muy guapa. Tan sólo lleva un año viviendo aquí, pero ya conoce a más gente en Madrid de la que yo conoceré jamás. El otro día llegó a la redacción con dos billetes de tren y me propuso irme a pasar con ella el fin de semana a Toledo. Quizás si hubiese tenido un plan distinto que quedarme en casa viendo películas de Woody Allen y comiendo pizza hubiese declinado la petición, pero su plan sonaba mucho más apetecible que cualquier pizza barbacoa. Acepto y salimos disparados hacia la estación.
Llegamos y alquilamos una habitación en un pequeño hotel. Me cuenta que Toledo es la ciudad perfecta para relajarse y disfrutar, para comer y beber, para perderse por sus monumentos, tiendas y bares. Yo tan sólo espero que si hemos recorrido setenta kilómetros no haya sido para perdernos por la ciudad, que me interesa bien poco, sino para no salir de la cama durante los dos días que pasemos juntos. Le pregunto qué le apetece hacer. Me responde que estaría bien salir a tomar algo. Asiento con la cabeza mientras me dirijo hacia la puerta. Ella me agarra de la camisa y me desabrocha el pantalón. Antes un aperitivo, dice.
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| Foto: CameliaTWU |



